Nuestro mundo de azules boinas

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Fotografía: Cincopuntoseis

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Hoy me siento como Snoopy tratando de escribir su interminable novela. No sé cómo empezar… no sé cómo plasmar el profundo sentimiento que me produce la despedida de la que fue mi casa por veinte años. Las despedidas, de cualquier tipo, no son fáciles. Nada fáciles…

Hace veinte años el maestro Raúl Delgado Estévez me propuso la difícil tarea de ser su director asistente ante una de las más hermosas tribus que pueblan el territorio musical venezolano: el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela «Patrimonio Artístico de la Nación». Y digo difícil porque tampoco era nada fácil entrar en una historia que venía señalada por la presencia de grandes directores que han marcado para siempre la escena coral de nuestro país: Antonio Estévez, su director fundador; Vinicio Adames, director por más de veintitrés años, hasta el día que el infortunio aéreo de Las Azores lo inmortalizó para siempre; y el propio Raúl Delgado Estévez, testigo de lujo de toda esta hermosa historia orfeonista y ucevista, quien también sumó una cuota importantísima en el devenir de la agrupación y que se mantuvo al frente de ella por más de veintidós años. En síntesis, una historia que se apresta a cumplir setenta años en 2013, haciendo del Orfeón Universitario el decano de las agrupaciones corales universitarias venezolanas y la más antigua del país.

Recuerdo haberle dicho a Raúl que me concediera unos días para pensarlo; imaginaba que entrar de la noche a la mañana en un espacio ganado por su director a pulso y talento no sería nada fácil. Entendiendo la propuesta como un voto de confianza hacia la labor que hasta ese instante había realizado como director, arreglista y compositor, acepté la tarea de ser director asistente de Raúl Delgado Estévez y del Orfeón Universitario de la UCV.

El 1 de abril de 1992 entré a formar parte de esta historia. A finales de 1998, Raúl anuncia su retiro debido a su jubilación y, un poco más tarde, el 27 de marzo de 1999, realiza un emotivo concierto de despedida. A partir de abril de 1999, y luego de siete años como director asistente, asumo la responsabilidad de ser el director titular de la agrupación… hasta hace una semana. El 1 de febrero pasado me enfrenté al hecho de tener que despedirme de esta casa de sueños y canciones, debido también a mi jubilación. Y repito, no fue nada fácil.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Hoy pasan por mi memoria innumerables recuerdos y acontecimientos que han marcado indeleblemente y para siempre, mi vida. En el Orfeón Universitario tuve la fortuna de conocer gente fantástica, ganada y comprometida en enaltecer la historia de la agrupación: a Raúl Delgado Estévez, con quien tuve la suerte de ahondar y profundizar en los arcanos que se esconden detrás del madrigal venezolano; a Graciela Gamboa y a Luis Perdomo, infatigables coordinadores, cada uno en su momento, cada uno en su medida: Graciela, incansable por muchos años; Luis, no tantos como Graciela, pero también inagotable; a Jaime y Nuria Arteaga, dos pilares fundamentales; a Elena Rodríguez y su indomable buen humor; y a tantos otros que incluso habían cantado bajo la dirección de Vinicio Adames que no alcanzaría este espacio para mencionarlos. Tuve también el privilegio de palpar la historia viva del Orfeón a través de aquellos que incluso fueron sus fundadores, por ejemplo, los esposos Celina y Pedro Ponce Ducharne; la dicha de compartir los éxitos de aquellos que, formando filas en el Orfeón, culminaban sus estudios y se graduaban; la tristeza de aquellos que perdían a sus seres más queridos; la alegría de ver cómo se convertían en madres y padres aquellos que antes se habían conocido y ahora se habían casado; la despedida de aquellos que, por razones personales, profesionales o familiares, se tenían que retirar; la imposición de la boina azul a los nuevos integrantes varones y el botón en la solapa a las hembras; y el ritual de encender un yesquero cuando celebrábamos el cumpleaños de algún integrante. Durante siete intensos años pude compartir con éxito, al lado de Raúl, cada uno de los hermosos escenarios donde el Orfeón actuó, y luego, con la responsabilidad únicamente sobre mis hombros, consolidar ese largo camino que el Orfeón, imparable, comenzaría en 1943. Pude constatar, en cada uno de los rincones del planeta a donde pudimos llegar, no sólo la presencia de la Universidad Central de Venezuela sino también la de la venezolanidad. No importa cuán apartado hubiese sido ese rincón, allí siempre estaría algún venezolano dispuesto a aplaudir hasta rabiar a ese pedacito de patria que se llama Orfeón Universitario. También con él pude constatar la solemnidad del luto que aún embarga a los habitantes de Lajes, al este de la isla Terceira, lugar donde un 3 de septiembre de 1976 se sembraría el Orfeón para siempre. También en los espacios que habita el Orfeón Universitario conocí a mi esposa y compañera, Laura Morales Balza; y en esos espacios vi crecer a nuestro hijo Simón Odoardo, así como también a cada uno de los hijos orfeonistas. De allí que consideremos al Orfeón Universitario, más que una casa, una escuela y una familia. El trabajo en equipo y la disciplina en aras del logro de los más altos objetivos artísticos y musicales genera una conducta que ha marcado, marca y marcará para siempre a sus integrantes. Ser orfeonista es una forma de ser, un modo de ver y sentir la vida que no se adquiere en ningún otro lugar.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Son tantos los paisajes, las canciones, las vivencias y anécdotas y, sobre todo, las personas que me habitan, lo que me hace ardua y difícil la despedida. El solo hecho de pensar que ya no tendré a diario sus miradas cómplices, la sonrisa franca al momento del aplauso, o la lágrima que rueda emocionada en algún instante de solemnidad, me produce un abismo en el pecho difícil de soportar. Por todas estas cosas y por muchísimas otras que sería imposible enumerar aquí, quiero agradecer a todos y cada uno de los que hasta hoy me han acompañado, la fortuna de haber compartido tantas e inolvidables experiencias, y recordarles que la historia del Orfeón Universitario continúa hacia adelante, como un acorazado indetenible, y que esa historia la llevan sobre sus hombros como una marca indeleble, como un tatuaje imborrable. Ahora les toca la responsabilidad de guiar al Orfeón Universitario a Raúl López Moreno, quien ha demostrado fehacientemente poseer el talento y el don para hacerlo y quien ha compartido conmigo innumerables años de experiencias y una inclaudicable y verdadera amistad, y a Diana Herrera Pinto, nuestra actual y pujante coordinadora general, quien se apresta también a cumplir veinte años en la agrupación. Y también les toca a ustedes acompañarlos en esta nueva ruta que se abre en el horizonte. Ambos, Raúl y Diana, recogen ahora el testigo de esta hermosa historia y confío plenamente, no tengo la menor duda, que junto a ustedes la seguirán escribiendo con orgullo. Así será.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Fotografía: Cincopuntoseis

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Por último, quiero que sepan que nunca, nunca me alejaré del todo y que siempre, siempre estaré muy cerca de ustedes, que contarán conmigo como el más firme de sus aliados y que dentro de mi pecho me llevo un inmarcesible jardín florido con todo lo que me han sabido prodigar.

A ti, Orfeón, con un canto infinito de gratitud.

Por siempre.

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Nota: He utilizado algunas fotografías que mi familia coral ha compartido conmigo y que he conservado con el tiempo, pido disculpas por no reseñar la autoría en cada una de ellas, son imágenes que compartimos y muchas veces las recibo sin el detalle del autor. Si alguno de ustedes reconoce aquí alguna de sus imágenes me comenta y con gusto colocaré el crédito.

Los imprescindibles

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Este final de año me ha tomado reflexionando sobre lo siguiente: el sentido común dicta que la vida, desde un punto de vista meramente biológico, podría discurrir con tan sólo lo imprescindible para poder subsistir: vestimenta, habitación y alimentación. Pero también es cierto que nuestro tránsito por el planeta nos marca de manera indeleble con las manifestaciones de toda índole que el hombre ha ido creando a lo largo de su existencia. Es así como ciertos libros y discos, obras de arte, teatro y ciertos paisajes naturales y arquitectónicos se han convertido en objetos de culto imprescindibles para la mayoría de nosotros y han pasado a formar parte de ese equipaje sin el cual tampoco podríamos vivir. ¿Cómo sería la vida sin la música de Bach o sin el teatro de Shakespeare? ¿O sin las obras de Leonardo y Miguel Ángel? ¿Cómo sería Segovia sin su acueducto o Roma sin el Coliseo? ¿O París sin la Torre Eiffel y Londres sin el Big Ben? Podría convertirse nuestro planeta en un territorio devastado y desolado si continuáramos con este ejercicio.

De todos modos, me he de permitir un hipotético escenario que ya en el pasado han realizado innumerables seres humanos: en el caso de que algún día tuviese que vivir en una isla desierta y tan sólo se me permitiera llevar conmigo cien discos imprescindibles de mi discoteca, o que tuviese que salvarlos de un incendio, estos serían los cien, y debo acotar que sólo escogí un álbum por artista. La selección obedece a una inclinación estrictamente personal y por nada del mundo conforma un canon ni un juicio de valor en relación a lo que no aparece seleccionado. De más está decir que un ejercicio como este implica el sacrificio de muchas otras joyas discográficas que también pueblan el paisaje sonoro que me rodea, sólo que estos cien discos son revisitados por mí con mayor frecuencia. Algunos de ellos me han acompañado por más de cuarenta años; otros, muy poco tiempo. Pero cada uno me revela siempre algo sorprendente y novedoso.

Sin más explicaciones, y en orden alfabético, he aquí mis cien imprescindibles:

1.
Alicia de Larrocha
Mompou: Spanish songs & Dances [1992]
2.
Art Tatum
Piano starts here – Live at The Shrine [1987]
3.
Ástor Piazzolla
Révolution du tango [1965]
4.
Ástor Piazzolla & Roberto Goyeneche
En vivo – Teatro Regina [1982]
5.
Baden Powell
Estudos [1974]
6.
The Beatles
Abbey Road [1969]
7.
Bill Evans
You must believe in spring [1977]
8.
Bill Evans & Claus Ogerman
Symbiosis [1974]
9.
Billie Holiday
Lady in satin [1958]
10.
Blind Faith
Blind Faith [1969]
11.
Blood, Sweat & Tears
Blood, Sweat & Tears [1969]
12.
Bobby McFerrin
VOCAbuLarieS [2010]
13.
Bobby McFerrin & Chick Corea
Play [1992]
14.
Buenos Aires 8
A todo tango [1974]
15.
Camarón de la Isla
El Camarón de la Isla con Paco de Lucía [1969]
16.
Carole King
Tapestry [1971]
17.
Cat Stevens
Tea for the tillerman [1970]
18.
Charlie Parker & Dizzy Gillespie
Diz ’n Bird at Carnegie Hall [1947]
19.
Chucho Valdés
Lucumí – Piano solo [1988]
20.
Claus Ogerman
Gates of dreams [1977]
21.
Crosby, Stills & Nash
Crosby, Stills & Nash [1969]
22.
Crosby, Stills, Nash & Young
Déjà vu [1970]
23.
David Crosby
If I could only remember my name [1971]
24.
Demian
Demian [1970]
25.
Don ’Sugarcane’ Harris
Fiddler on the rock [1972]
26.
Eddie Palmieri
Eddie Palmieri [1981]
27.
Elis Regina & Antonio Carlos Jobim
Elis & Tom [1974]
28.
The Elizabethan Singers, Louis Halsey
Sir Cristemas [1965]
29.
Emerson, Lake & Palmer
Emerson, Lake & Palmer [1971]
30.
Ensemble Clement Janequin
Les cris de Paris [1981]
31.
Focus
In and out of focus [1970]
32.
Frederic Hand
Jazzantiqua [1986]
33.
Genesis
Selling England by the pound [1973]
34.
Gentle Giant
Gentle Giant [1970]
35.
Héctor Lavoe
De ti depende [1976]
36.
Irakere
Live at Newport Festival & Montreux Jazz Festival [1978]
37.
Jan Akkerman & Claus Ogerman
Aranjuez [1978]
38.
Jascha Heifetz
Bach: Sonatas & partitas for unaccompanied violin [1952]
39.
Jazz Gala Big Band Orchestra
Jazz Gala Concert [1976]
40.
Jethro Tull
Aqualung [1971]
41.
João Gilberto
Live at Montreux [1985]
42.
João Gilberto & Claus Ogerman
Amoroso [1977]
43.
John Pizzarelli
Meets The Beatles [1998]
44.
John Williams
Bach: The four lute suites [1975]
45.
José Romero Bello & El Carrao de Palmarito
Florentino y El Diablo [1976]
46.
Juan Luis Guerra & 4.40
Soplando [1984]
47.
Jukka Perko
Kaanaanmaa [2002]
48.
Keith Jarrett
Paris Concert [1988]
49.
King Crimson
In the court of the Crimson King [1969]
50.
Led Zeppelin
Led Zeppelin IV [1971]
51.
Lilia Vera
Lilia Vera [1973]
52.
Marco Pereira
Círculo das cordas [1988]
53.
Maria João
Fábula [1996]
54.
Maynard Ferguson
Live at Jimmy’s – M.F. Horn 4 & 5 [1970]
55.
Mecano
Aidalai [1991]
56.
Miles Davis
Kind of blue [1959]
57.
New York Philharmonic, Leonard Bernstein
Nocturne [1971]
58.
New York Voices
New York Voices [1989]
59.
Orchestra Harlow
Salsa [1974]
60.
Oscar Peterson & Stéphane Grappelli
Skol [1979]
61.
Paquito D’Rivera
Blowin’ [1981]
62.
Pat Metheny
First circle [1984]
63.
Paul McCartney & The Wings
Wild life [1971]
64.
Philharmonia Orchestra, Leonard Slatkin
Vaughan Williams: Symphonies 5 & 6 [1990]
65.
Pink Floyd
Dark side of the Moon [1973]
66.
Polyphony, Stephen Layton
Pärt: Triodion [2003]
67.
Porcupine Tree
In absentia [2002]
68.
Premiata Forneria Marconi
Per un amico [1972]
69.
Pro Cantione Antiqua, Bruno Turner
El Siglo de Oro – Spanish sacred music of the Renaissance [1978]
70.
Quartetto Italiano
Beethoven: The string quartets [1968]
71.
Quilapayún
Santa María de Iquique – Cantata popular [1970]
72.
Quinteto Contrapunto
Música popular y folclórica de Venezuela, Vol. 4 [1966]
73.
Rick Wakeman
The myths and legends of King Arthur and the Knights of the Round Table [1975]
74.
Robert Shaw Chorale, Robert Shaw
Deep River and other Spirituals [1958]
75.
Santana
Abraxas [1970]
76.
Serenata Guayanesa
Música popular y folklórica de Venezuela, Vol. 2 [1973]
77.
Silvio Rodríguez
Al final de este viaje [1978]
78.
Simon & Garfunkel
Bridge over troubled waters [1970]
79.
Simón Díaz
Tonadas [1974]
80.
The Singers Unlimited
A capella [1971]
81.
Soledad Bravo
Canto la poesía de mis compañeros [1975]
82.
Sonora Ponceña
New heights [1980]
83.
Stéphane Grappelli, Philip Catherine, Larry Coryell & Niels-H. Ørsted-Pedersen
Young Django [1979]
84.
Sting
Nothing like the Sun [1987]
85.
Stuttgarter Kammerorchester, Karl Münchinger
Bach: Die Kunst der Fuge [1965]
86.
Supersax
Plays Bird [1972]
87.
Sviatoslav Richter
Bach: The Well-Tempered Clavier, Book I [1970]
88.
Take 6
Take 6 [1988]
89.
The Tallis Scholars, Peter Phillips
Allegri: Miserere / Palestrina: Missa Papae Marcelli [1980]
90.
Theatre of Voices, Paul Hillier
Pärt: De profundis [1990]
91.
Toquinho & Vinicius
O Poeta e o Violão [1975]
92.
Tracy Chapman
Tracy Chapman [1988]
93.
Vytas Brenner
La ofrenda de Vytas [1973]
94.
War
The world is a ghetto [1972]
95.
Willie Colon
Fantasmas [1981]
96.
Willie Colon & Héctor Lavoe
El juicio [1972]
97.
Willie Colon & Rubén Blades
Metiendo mano [1977]
98.
Wishbone Ash
Wishbone Ash [1970]
99.
Yes
Yessongs [1973]
100.
Yo-Yo Ma
The cello suites inspired by Bach [1998]

Segovia es una ciudad terriblemente hermosa

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Segovia es una ciudad terriblemente hermosa que te invade con su color terracota desde la lejanía. Sus hermosas calles empedradas y los monumentos históricos que te asaltan en cada esquina conforman un paisaje propicio para el estudio y la reflexión. Su legendario acueducto, cuya edad se pierde en el tiempo, te da la bienvenida desde lo lejos con su imponente estructura. Y en esta ciudad he tenido el honor de formar parte del cuerpo de profesores que asistió desde diversas partes de la geografía peninsular para dictar clases en el XV Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral que organiza la Coral Ágora, de esta ciudad, patrocinado por la Fundación Don Juan de Borbón, todos bajo la dirección general de María Luisa Martín Antón. De igual modo, es altamente satisfactoria la convocatoria que produce este seminario, quinceañero por demás, en virtud de la cantidad de asistentes que concurren desde muchos rincones de España y de algunos otros lugares. Johan Duick, Albert Alcaraz y este servidor, conformamos el profesorado de Dirección Coral; Basilio Astúlez, David Azurza y Esther Bonal, Dirección de Coros Infantiles; Margarida Lladó y Sara Matarranz, junto a  Basilio, David y Esther, impartieron Técnica Vocal y Canto Solista. También concurrió Francisco Hernández como pianista acompañante. El entusiasmo y la camaradería que se respiraban desde la primera hora de la mañana hasta la última de la tarde fueron contagiosas e hicieron presagiar buenos resultados al final del curso. En un calendario que discurrió del 23 al 30 de agosto, y en un horario que iba desde las diez de la mañana hasta las ocho y media de la noche, se impartieron las clases en los distintos salones del Conservatorio Profesional de Música de Segovia, institución que alberga el desarrollo del Curso. Me tocó la responsabilidad de impartir clases a los Niveles I y III de Técnica de Dirección Coral con un nutrido grupo de alumnos ávidos de aprender y mejorar sus habilidades como directores corales. También tuve la tarea de compartir y montar el programa de Canto Coral Común con Albert Alcaraz y Johan Duick. Esta actividad culminaba las actividades diarias al final de la tarde, a la cual asistían todos los participantes de los diferentes cursos.

Alumnos del Nivel III de Dirección Coral
arriba de izq. a der.: David Molina Font, Divina Melé Gabandé, Sonia Fernández Delgado, Elena Fernández Delgado, Aitor Olivares García, Elena Ruiz Ortega, David Gracia Gil, Gabriel de Frutos Martínez.
abajo de izq. a der.: César Alejandro Carrillo, Pablo Román Alonso, David de la Gala, Francisco Ruiz Montes, Urko Sangroniz Mancebo, David González

La noche del 30 de agosto, en la iglesia San Juan de Los Caballeros, recinto medieval de inconmensurable belleza arquitectónica y de envidiable acústica, se dio clausura al Curso con un emotivo e inolvidable concierto, donde se pudo dar muestra de toda la actividad realizada durante la semana: Canto solista, Taller Masculino, Taller Femenino, Dirección Nivel II, Dirección Nivel III, Canto Coral Escolanía y, finalmente, Canto Coral Común. Tres alumnos del Nivel III dirigieron las siguientes obras: Aitor Olivares García, Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd; Francisco Ruiz Montes, El pescador de anclas, de Modesta Bor; y Gabriel de Frutos Martínez, Encuentro, de un servidor. Con un coro de aproximadamente ciento veinte voces para el Canto Coral Común, Albert Alcaraz condujo Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo. Yo dirigí Has crecido en la tarde como la lluvia, de mi autoría, y Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona, y Johan Duick dirigió Ave Maria, para doble coro, del genio abulense Tomás Luis de Victoria, de quien se conmemoran cuatrocientos años de su desaparición. [vídeos más abajo]

El Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia es un espacio referencial y un punto de encuentro de vital importancia para el mundo coral ibérico. Un espacio para el diálogo y el intercambio de experiencias y de conocimientos; para compartir  y conocer nuevas realidades y para fomentar y cimentar relaciones nutritivas y enriquecedoras. La Niña Bonita, como bien diría María Luisa Martín Antón en la presentación del Curso, celebrando que éste cumplía ya quince años. De Segovia no sólo me llevo la satisfacción y la fructífera experiencia de haber participado como docente de este importante evento sino también un sinfín de nuevos, inolvidables y entrañables amigos.

¡Larga y saludable vida al Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia!

Aitor Olivares García, del Nivel III, dirige Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd

Francisco Ruiz Montes, del Nivel III, dirige El pescador de anclas, de Modesta Bor

Gabriel de Frutos Martínez, del Nivel III, dirige Encuentro, de César Alejandro Carrillo

Canto común: Albert Alcaraz dirige Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Has crecido en la tarde como la lluvia, de su autoría

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona

Canto común: Johan Duick dirige Ave Maria [doble coro], de Tomás Luis de Victoria

[Para ver otros vídeos del concierto visita julianpds en YouTube]

Gloria de la Missa sine nomine

Comparto esta versión del Gloria de la Missa sine nomine interpretada por Entrevoces, bajo la dirección de la maestra Digna Guerra. Terminé de componer esta obra en el año 1999.

Esta interpretación ocurrió en la participación de este magnífico coro cubano, en el 12th International Chamber Choir Competition Marktoberdorf, en Alemania.

Felicidades de nuevo a mis amigos de Entrevoces por el Primer Premio recibido en esta dura competencia, en junio de este año.

Tributo al compositor venezolano Inocente Carreño

En la lluviosa mañana del pasado domingo 3 de julio, el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela sirvió de escenario para que nuestro admirado y querido Inocente Carreño recibiera el cálido tributo que tuvimos el honor de prodigarle el Orfeón Universitario y nuestra rectora, la Dra. Cecilia García Arocha. Para todos nosotros fue una oportunidad más de vivir y compartir la extraordinaria experiencia de estar allí con una de las más importantes figuras del quehacer musical venezolano del siglo XX y lo que va del XXI; heredero de los más altos valores forjados en la cátedra de composición del maestro Vicente Emilio Sojo y último sobreviviente activo de varias generaciones de compositores egresados de la añeja Escuela de Música «José Ángel Lamas», nuestro más sagrado templo musical. Ese domingo, el Orfeón Universitario le regaló al maestro un ramillete de canciones corales y madrigales venezolanos que lo han acompañado a lo largo de su vida: obras de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Antonio Lauro, Antonio Estévez, Modesta Bor y Eduardo Plaza; así como también obras de su propia autoría, entre las cuales tuvimos el honor de estrenar dos: La fuente abandonada y El agua, con poesía de Fernando Paz Castillo y Manuel Felipe Rugeles, dos de nuestros más insignes poetas.

Luego llegaría el momento más emotivo: el maestro Carreño, con su paso parsimonioso pero seguro, subió al escenario del Aula Magna para honrarnos al dirigir cuatro obras del programa: Cántico, de su maestro Vicente Emilio Sojo; Allá va un encobijado, de su ya desaparecido amigo Antonio Lauro; y sus insoslayables Pregúntale a ese mar y Gota de breve rocío. Fue un momento realmente emocionante poder mirar desde el escenario a todo un público que, de pie, le prodigaba un prolongado aplauso al maestro Carreño. Entre amantes del madrigal venezolano y admiradores del maestro, que a pesar del improvisado lunes feriado acudieron a la cita, discurrió una hermosa y emotiva velada musical que concluyó con el escenario repleto de orfeonistas de todas las épocas para interpretar nuestro vibrante Himno Universitario.

Esta feliz reunión entre Carreño y las voces del Orfeón Universitario fue la excusa perfecta para evocar parte del invalorable tesoro musical que nos legaran aquellos insignes compositores, protagonistas importantes de una de las mejores horas de nuestra historia musical. Y también fue un entrañable encuentro con la historia, ya que el maestro Inocente Carreño está vinculado al Orfeón Universitario desde el momento de su fundación en 1943, en los solariegos espacios de la antigua sede de la Universidad Central de Venezuela, hoy Palacio de las Academias. Antonio Estévez, nuestro director fundador, recibiría en aquellos ya lejanos primeros ensayos la ayuda de dos de sus mejores colegas, Antonio Lauro e Inocente Carreño.

Han pasado ya sesenta y ocho años desde aquel entonces. El maestro tenía veintitrés años; hoy tiene noventa y uno. Todo un cúmulo de experiencias, anécdotas y vivencias que reparte a manos llenas con humildad, sabiduría y picardía. Con su profusa cabellera blanca y su parsimonioso andar, Inocente Carreño encarna ya una leyenda. Como tal, es y será un digno ejemplo a seguir, pocas veces emulado en nuestra historia musical pasada y reciente.

Fotografías: Diana Herrera Pinto

Taller en Puerto Ordaz

Volver a Puerto Ordaz siempre se transforma en una experiencia llena de vivencias extraordinarias, comenzando por la contemplación del telúrico paisaje que surca los enérgicos ríos Orinoco y Caroní. Es una maravilla recorrer las calles y avenidas de esta ciudad, y poder constatar la concienzuda planificación urbana que le ha permitido crecer de una manera organizada y ordenada. Esta ciudad posee diversas universidades, siendo una de las más importantes la Universidad Nacional Experimental de Guayana, la cual alberga en su sede a una de las más interesantes agrupaciones musicales de la región, la Coral de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG), conducida por la siempre entusiasta y emprendedora Irma Conchita Iorio. Ellos organizaron la realización del Taller «Conociendo la obra del Maestro César Alejandro Carrillo», llevado a cabo entre el 13 y el 15 de mayo, iniciativa que me honra al llevar mi nombre y me compromete como compositor y como director. Durante las sesiones de trabajo estudiamos y ensayamos las siguientes obras: Aguinaldo, O magnum mysterium, Oiga compae, Salve Regina y mi arreglo de El alcaraván, de Simón Díaz, uno de nuestros más importantes compositores populares. Como cierre del taller hemos realizado un concierto en las instalaciones del Ecomuseo, imponente edificio adosado a la colosal estructura de la represa Macagua II. Para mí ha sido una gratísima experiencia poder compartir durante tres días parte de mi música con el estupendo y ávido grupo de jóvenes que conforman la Coral UNEG, la cual se encuentra celebrando veintitrés años de existencia, y a la cual le auguro un porvenir repleto de éxitos. Vaya mi agradecimiento a todos y cada uno de sus integrantes, a su directora Irma Conchita Iorio y a los directores participantes, que con entusiasmo y deseos de aprender asistieron a estas tres intensas jornadas.

A mi padre

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Felipe Neri Carrillo Parra (31 de diciembre de 1928 – 11 de mayo de 2011)


A ti, que escogiste mis nombres con pinzas de cirujano.

A ti, que me enseñaste a amarrar las trenzas de mis zapatos.
A ti, que me enseñaste que caerse era necesario para aprender a caminar y que había, siempre, que aprender de las caídas.
A ti, que me enseñaste a leer el periódico a los cuatro años, y que los libros eran mejores que la televisión. Desde mis remotos once años, te digo que es verdad, pues nunca he dejado de leer. Ni el periódico, ni los libros.
A ti, que me enseñaste a andar recto entre veredas torcidas.
A ti, que me dijiste que había que ser un excelente observador, condición necesaria para poder transitar por este mundo.
A ti, que cuando tuviste que reprenderme algo jamás lo hiciste alzando la voz ni la mano.
A ti, que me enseñaste que tomar lo ajeno o robar, no era bueno.
A ti, que me hiciste creer que un mundo de justicia e igualdad entre los hombres puede ser posible.
A ti, que me inculcaste la responsabilidad, el deber y la honestidad como valores indispensables para la formación del carácter.
A ti, que me enseñaste la cortesía y los buenos modales como condiciones necesarias para la buena convivencia y que había que saludar a todo el mundo, desde el portero hacia arriba.
A ti, que me enseñaste el valor del estudio y de la preparación personal y profesional como valores imprescindibles para poder construir una mejor sociedad.
A ti, que siempre, siempre, te mostraste orgulloso cuando daba los pasos en la dirección correcta, y que siempre, siempre, me lo hacías notar cuando no lo hacía.
A ti, que me enseñaste el valor de la autocrítica y de la crítica constructiva, ingredientes indispensables para el crecimiento personal y colectivo.
A ti, que me mostraste que el amor era un elemento esencial entre los seres humanos.
A ti, que me enseñaste que había que saber meterse en el lodo sin enlodarse.
A ti, que me enseñaste a no tener miedo.
A ti, que me enseñaste que había que ser audaz, audaz, casi hasta la aventura; y precavido, precavido, casi hasta la cobardía.
A ti, que siempre izaste las banderas de tus creencias con irreductible honestidad y valentía, en TODOS los escenarios de tu vida.
A ti, que nunca te doblegaste ante la infamia y lo nefasto.
A ti, que supiste recorrer el mundo y sus entresijos con paso firme, seguro y decidido.
A ti, que jamás asomaste resquemores ni envidias.
A ti, que siempre iluminaste tu camino y el de tus camaradas, compañeros y amigos con certidumbre y que nunca, nunca, te aprovechaste del poder.
A ti, que recorres nuestras historias con la más limpias de las trayectorias, mi mejor y más puro deseo de que ahora puedas descansar en un mundo más maravilloso que este, pero con la convicción de haber hecho todo lo que estuvo a tu alcance para mejorarlo.


Mi mejor y más lindo deseo de que las musas que un día me enseñaste, mesen tus cabellos limpios al sol y acaricien tu frente y tus manos con infinito amor y dulzura.

Mi mejor y más profundo deseo de que un día podamos reencontrarnos y podamos, juntos, seguir derribando molinos de viento. Tú cual Quijote, y yo, cual Sancho.

A ti, padre, amigo y maestro, mi mejor amigo, mi mejor maestro, con el anhelo de que me perdones aquello que, voluntaria o involuntariamente, no hice bien, mi más amoroso deseo de que, por fin, descanses en paz.

Para ti papá, con todo mi amor.

Tu hijo,

(César) Alejandro

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