Los imprescindibles

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Este final de año me ha tomado reflexionando sobre lo siguiente: el sentido común dicta que la vida, desde un punto de vista meramente biológico, podría discurrir con tan sólo lo imprescindible para poder subsistir: vestimenta, habitación y alimentación. Pero también es cierto que nuestro tránsito por el planeta nos marca de manera indeleble con las manifestaciones de toda índole que el hombre ha ido creando a lo largo de su existencia. Es así como ciertos libros y discos, obras de arte, teatro y ciertos paisajes naturales y arquitectónicos se han convertido en objetos de culto imprescindibles para la mayoría de nosotros y han pasado a formar parte de ese equipaje sin el cual tampoco podríamos vivir. ¿Cómo sería la vida sin la música de Bach o sin el teatro de Shakespeare? ¿O sin las obras de Leonardo y Miguel Ángel? ¿Cómo sería Segovia sin su acueducto o Roma sin el Coliseo? ¿O París sin la Torre Eiffel y Londres sin el Big Ben? Podría convertirse nuestro planeta en un territorio devastado y desolado si continuáramos con este ejercicio.

De todos modos, me he de permitir un hipotético escenario que ya en el pasado han realizado innumerables seres humanos: en el caso de que algún día tuviese que vivir en una isla desierta y tan sólo se me permitiera llevar conmigo cien discos imprescindibles de mi discoteca, o que tuviese que salvarlos de un incendio, estos serían los cien, y debo acotar que sólo escogí un álbum por artista. La selección obedece a una inclinación estrictamente personal y por nada del mundo conforma un canon ni un juicio de valor en relación a lo que no aparece seleccionado. De más está decir que un ejercicio como este implica el sacrificio de muchas otras joyas discográficas que también pueblan el paisaje sonoro que me rodea, sólo que estos cien discos son revisitados por mí con mayor frecuencia. Algunos de ellos me han acompañado por más de cuarenta años; otros, muy poco tiempo. Pero cada uno me revela siempre algo sorprendente y novedoso.

Sin más explicaciones, y en orden alfabético, he aquí mis cien imprescindibles:

1.
Alicia de Larrocha
Mompou: Spanish songs & Dances [1992]
2.
Art Tatum
Piano starts here – Live at The Shrine [1987]
3.
Ástor Piazzolla
Révolution du tango [1965]
4.
Ástor Piazzolla & Roberto Goyeneche
En vivo – Teatro Regina [1982]
5.
Baden Powell
Estudos [1974]
6.
The Beatles
Abbey Road [1969]
7.
Bill Evans
You must believe in spring [1977]
8.
Bill Evans & Claus Ogerman
Symbiosis [1974]
9.
Billie Holiday
Lady in satin [1958]
10.
Blind Faith
Blind Faith [1969]
11.
Blood, Sweat & Tears
Blood, Sweat & Tears [1969]
12.
Bobby McFerrin
VOCAbuLarieS [2010]
13.
Bobby McFerrin & Chick Corea
Play [1992]
14.
Buenos Aires 8
A todo tango [1974]
15.
Camarón de la Isla
El Camarón de la Isla con Paco de Lucía [1969]
16.
Carole King
Tapestry [1971]
17.
Cat Stevens
Tea for the tillerman [1970]
18.
Charlie Parker & Dizzy Gillespie
Diz ’n Bird at Carnegie Hall [1947]
19.
Chucho Valdés
Lucumí – Piano solo [1988]
20.
Claus Ogerman
Gates of dreams [1977]
21.
Crosby, Stills & Nash
Crosby, Stills & Nash [1969]
22.
Crosby, Stills, Nash & Young
Déjà vu [1970]
23.
David Crosby
If I could only remember my name [1971]
24.
Demian
Demian [1970]
25.
Don ’Sugarcane’ Harris
Fiddler on the rock [1972]
26.
Eddie Palmieri
Eddie Palmieri [1981]
27.
Elis Regina & Antonio Carlos Jobim
Elis & Tom [1974]
28.
The Elizabethan Singers, Louis Halsey
Sir Cristemas [1965]
29.
Emerson, Lake & Palmer
Emerson, Lake & Palmer [1971]
30.
Ensemble Clement Janequin
Les cris de Paris [1981]
31.
Focus
In and out of focus [1970]
32.
Frederic Hand
Jazzantiqua [1986]
33.
Genesis
Selling England by the pound [1973]
34.
Gentle Giant
Gentle Giant [1970]
35.
Héctor Lavoe
De ti depende [1976]
36.
Irakere
Live at Newport Festival & Montreux Jazz Festival [1978]
37.
Jan Akkerman & Claus Ogerman
Aranjuez [1978]
38.
Jascha Heifetz
Bach: Sonatas & partitas for unaccompanied violin [1952]
39.
Jazz Gala Big Band Orchestra
Jazz Gala Concert [1976]
40.
Jethro Tull
Aqualung [1971]
41.
João Gilberto
Live at Montreux [1985]
42.
João Gilberto & Claus Ogerman
Amoroso [1977]
43.
John Pizzarelli
Meets The Beatles [1998]
44.
John Williams
Bach: The four lute suites [1975]
45.
José Romero Bello & El Carrao de Palmarito
Florentino y El Diablo [1976]
46.
Juan Luis Guerra & 4.40
Soplando [1984]
47.
Jukka Perko
Kaanaanmaa [2002]
48.
Keith Jarrett
Paris Concert [1988]
49.
King Crimson
In the court of the Crimson King [1969]
50.
Led Zeppelin
Led Zeppelin IV [1971]
51.
Lilia Vera
Lilia Vera [1973]
52.
Marco Pereira
Círculo das cordas [1988]
53.
Maria João
Fábula [1996]
54.
Maynard Ferguson
Live at Jimmy’s – M.F. Horn 4 & 5 [1970]
55.
Mecano
Aidalai [1991]
56.
Miles Davis
Kind of blue [1959]
57.
New York Philharmonic, Leonard Bernstein
Nocturne [1971]
58.
New York Voices
New York Voices [1989]
59.
Orchestra Harlow
Salsa [1974]
60.
Oscar Peterson & Stéphane Grappelli
Skol [1979]
61.
Paquito D’Rivera
Blowin’ [1981]
62.
Pat Metheny
First circle [1984]
63.
Paul McCartney & The Wings
Wild life [1971]
64.
Philharmonia Orchestra, Leonard Slatkin
Vaughan Williams: Symphonies 5 & 6 [1990]
65.
Pink Floyd
Dark side of the Moon [1973]
66.
Polyphony, Stephen Layton
Pärt: Triodion [2003]
67.
Porcupine Tree
In absentia [2002]
68.
Premiata Forneria Marconi
Per un amico [1972]
69.
Pro Cantione Antiqua, Bruno Turner
El Siglo de Oro – Spanish sacred music of the Renaissance [1978]
70.
Quartetto Italiano
Beethoven: The string quartets [1968]
71.
Quilapayún
Santa María de Iquique – Cantata popular [1970]
72.
Quinteto Contrapunto
Música popular y folclórica de Venezuela, Vol. 4 [1966]
73.
Rick Wakeman
The myths and legends of King Arthur and the Knights of the Round Table [1975]
74.
Robert Shaw Chorale, Robert Shaw
Deep River and other Spirituals [1958]
75.
Santana
Abraxas [1970]
76.
Serenata Guayanesa
Música popular y folklórica de Venezuela, Vol. 2 [1973]
77.
Silvio Rodríguez
Al final de este viaje [1978]
78.
Simon & Garfunkel
Bridge over troubled waters [1970]
79.
Simón Díaz
Tonadas [1974]
80.
The Singers Unlimited
A capella [1971]
81.
Soledad Bravo
Canto la poesía de mis compañeros [1975]
82.
Sonora Ponceña
New heights [1980]
83.
Stéphane Grappelli, Philip Catherine, Larry Coryell & Niels-H. Ørsted-Pedersen
Young Django [1979]
84.
Sting
Nothing like the Sun [1987]
85.
Stuttgarter Kammerorchester, Karl Münchinger
Bach: Die Kunst der Fuge [1965]
86.
Supersax
Plays Bird [1972]
87.
Sviatoslav Richter
Bach: The Well-Tempered Clavier, Book I [1970]
88.
Take 6
Take 6 [1988]
89.
The Tallis Scholars, Peter Phillips
Allegri: Miserere / Palestrina: Missa Papae Marcelli [1980]
90.
Theatre of Voices, Paul Hillier
Pärt: De profundis [1990]
91.
Toquinho & Vinicius
O Poeta e o Violão [1975]
92.
Tracy Chapman
Tracy Chapman [1988]
93.
Vytas Brenner
La ofrenda de Vytas [1973]
94.
War
The world is a ghetto [1972]
95.
Willie Colon
Fantasmas [1981]
96.
Willie Colon & Héctor Lavoe
El juicio [1972]
97.
Willie Colon & Rubén Blades
Metiendo mano [1977]
98.
Wishbone Ash
Wishbone Ash [1970]
99.
Yes
Yessongs [1973]
100.
Yo-Yo Ma
The cello suites inspired by Bach [1998]

Segovia es una ciudad terriblemente hermosa

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Segovia es una ciudad terriblemente hermosa que te invade con su color terracota desde la lejanía. Sus hermosas calles empedradas y los monumentos históricos que te asaltan en cada esquina conforman un paisaje propicio para el estudio y la reflexión. Su legendario acueducto, cuya edad se pierde en el tiempo, te da la bienvenida desde lo lejos con su imponente estructura. Y en esta ciudad he tenido el honor de formar parte del cuerpo de profesores que asistió desde diversas partes de la geografía peninsular para dictar clases en el XV Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral que organiza la Coral Ágora, de esta ciudad, patrocinado por la Fundación Don Juan de Borbón, todos bajo la dirección general de María Luisa Martín Antón. De igual modo, es altamente satisfactoria la convocatoria que produce este seminario, quinceañero por demás, en virtud de la cantidad de asistentes que concurren desde muchos rincones de España y de algunos otros lugares. Johan Duick, Albert Alcaraz y este servidor, conformamos el profesorado de Dirección Coral; Basilio Astúlez, David Azurza y Esther Bonal, Dirección de Coros Infantiles; Margarida Lladó y Sara Matarranz, junto a  Basilio, David y Esther, impartieron Técnica Vocal y Canto Solista. También concurrió Francisco Hernández como pianista acompañante. El entusiasmo y la camaradería que se respiraban desde la primera hora de la mañana hasta la última de la tarde fueron contagiosas e hicieron presagiar buenos resultados al final del curso. En un calendario que discurrió del 23 al 30 de agosto, y en un horario que iba desde las diez de la mañana hasta las ocho y media de la noche, se impartieron las clases en los distintos salones del Conservatorio Profesional de Música de Segovia, institución que alberga el desarrollo del Curso. Me tocó la responsabilidad de impartir clases a los Niveles I y III de Técnica de Dirección Coral con un nutrido grupo de alumnos ávidos de aprender y mejorar sus habilidades como directores corales. También tuve la tarea de compartir y montar el programa de Canto Coral Común con Albert Alcaraz y Johan Duick. Esta actividad culminaba las actividades diarias al final de la tarde, a la cual asistían todos los participantes de los diferentes cursos.

Alumnos del Nivel III de Dirección Coral
arriba de izq. a der.: David Molina Font, Divina Melé Gabandé, Sonia Fernández Delgado, Elena Fernández Delgado, Aitor Olivares García, Elena Ruiz Ortega, David Gracia Gil, Gabriel de Frutos Martínez.
abajo de izq. a der.: César Alejandro Carrillo, Pablo Román Alonso, David de la Gala, Francisco Ruiz Montes, Urko Sangroniz Mancebo, David González

La noche del 30 de agosto, en la iglesia San Juan de Los Caballeros, recinto medieval de inconmensurable belleza arquitectónica y de envidiable acústica, se dio clausura al Curso con un emotivo e inolvidable concierto, donde se pudo dar muestra de toda la actividad realizada durante la semana: Canto solista, Taller Masculino, Taller Femenino, Dirección Nivel II, Dirección Nivel III, Canto Coral Escolanía y, finalmente, Canto Coral Común. Tres alumnos del Nivel III dirigieron las siguientes obras: Aitor Olivares García, Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd; Francisco Ruiz Montes, El pescador de anclas, de Modesta Bor; y Gabriel de Frutos Martínez, Encuentro, de un servidor. Con un coro de aproximadamente ciento veinte voces para el Canto Coral Común, Albert Alcaraz condujo Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo. Yo dirigí Has crecido en la tarde como la lluvia, de mi autoría, y Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona, y Johan Duick dirigió Ave Maria, para doble coro, del genio abulense Tomás Luis de Victoria, de quien se conmemoran cuatrocientos años de su desaparición. [vídeos más abajo]

El Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia es un espacio referencial y un punto de encuentro de vital importancia para el mundo coral ibérico. Un espacio para el diálogo y el intercambio de experiencias y de conocimientos; para compartir  y conocer nuevas realidades y para fomentar y cimentar relaciones nutritivas y enriquecedoras. La Niña Bonita, como bien diría María Luisa Martín Antón en la presentación del Curso, celebrando que éste cumplía ya quince años. De Segovia no sólo me llevo la satisfacción y la fructífera experiencia de haber participado como docente de este importante evento sino también un sinfín de nuevos, inolvidables y entrañables amigos.

¡Larga y saludable vida al Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia!

Aitor Olivares García, del Nivel III, dirige Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd

Francisco Ruiz Montes, del Nivel III, dirige El pescador de anclas, de Modesta Bor

Gabriel de Frutos Martínez, del Nivel III, dirige Encuentro, de César Alejandro Carrillo

Canto común: Albert Alcaraz dirige Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Has crecido en la tarde como la lluvia, de su autoría

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona

Canto común: Johan Duick dirige Ave Maria [doble coro], de Tomás Luis de Victoria

[Para ver otros vídeos del concierto visita julianpds en YouTube]

Gloria de la Missa sine nomine

Comparto esta versión del Gloria de la Missa sine nomine interpretada por Entrevoces, bajo la dirección de la maestra Digna Guerra. Terminé de componer esta obra en el año 1999.

Esta interpretación ocurrió en la participación de este magnífico coro cubano, en el 12th International Chamber Choir Competition Marktoberdorf, en Alemania.

Felicidades de nuevo a mis amigos de Entrevoces por el Primer Premio recibido en esta dura competencia, en junio de este año.

Tributo al compositor venezolano Inocente Carreño

En la lluviosa mañana del pasado domingo 3 de julio, el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela sirvió de escenario para que nuestro admirado y querido Inocente Carreño recibiera el cálido tributo que tuvimos el honor de prodigarle el Orfeón Universitario y nuestra rectora, la Dra. Cecilia García Arocha. Para todos nosotros fue una oportunidad más de vivir y compartir la extraordinaria experiencia de estar allí con una de las más importantes figuras del quehacer musical venezolano del siglo XX y lo que va del XXI; heredero de los más altos valores forjados en la cátedra de composición del maestro Vicente Emilio Sojo y último sobreviviente activo de varias generaciones de compositores egresados de la añeja Escuela de Música «José Ángel Lamas», nuestro más sagrado templo musical. Ese domingo, el Orfeón Universitario le regaló al maestro un ramillete de canciones corales y madrigales venezolanos que lo han acompañado a lo largo de su vida: obras de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Antonio Lauro, Antonio Estévez, Modesta Bor y Eduardo Plaza; así como también obras de su propia autoría, entre las cuales tuvimos el honor de estrenar dos: La fuente abandonada y El agua, con poesía de Fernando Paz Castillo y Manuel Felipe Rugeles, dos de nuestros más insignes poetas.

Luego llegaría el momento más emotivo: el maestro Carreño, con su paso parsimonioso pero seguro, subió al escenario del Aula Magna para honrarnos al dirigir cuatro obras del programa: Cántico, de su maestro Vicente Emilio Sojo; Allá va un encobijado, de su ya desaparecido amigo Antonio Lauro; y sus insoslayables Pregúntale a ese mar y Gota de breve rocío. Fue un momento realmente emocionante poder mirar desde el escenario a todo un público que, de pie, le prodigaba un prolongado aplauso al maestro Carreño. Entre amantes del madrigal venezolano y admiradores del maestro, que a pesar del improvisado lunes feriado acudieron a la cita, discurrió una hermosa y emotiva velada musical que concluyó con el escenario repleto de orfeonistas de todas las épocas para interpretar nuestro vibrante Himno Universitario.

Esta feliz reunión entre Carreño y las voces del Orfeón Universitario fue la excusa perfecta para evocar parte del invalorable tesoro musical que nos legaran aquellos insignes compositores, protagonistas importantes de una de las mejores horas de nuestra historia musical. Y también fue un entrañable encuentro con la historia, ya que el maestro Inocente Carreño está vinculado al Orfeón Universitario desde el momento de su fundación en 1943, en los solariegos espacios de la antigua sede de la Universidad Central de Venezuela, hoy Palacio de las Academias. Antonio Estévez, nuestro director fundador, recibiría en aquellos ya lejanos primeros ensayos la ayuda de dos de sus mejores colegas, Antonio Lauro e Inocente Carreño.

Han pasado ya sesenta y ocho años desde aquel entonces. El maestro tenía veintitrés años; hoy tiene noventa y uno. Todo un cúmulo de experiencias, anécdotas y vivencias que reparte a manos llenas con humildad, sabiduría y picardía. Con su profusa cabellera blanca y su parsimonioso andar, Inocente Carreño encarna ya una leyenda. Como tal, es y será un digno ejemplo a seguir, pocas veces emulado en nuestra historia musical pasada y reciente.

Fotografías: Diana Herrera Pinto

Taller en Puerto Ordaz

Volver a Puerto Ordaz siempre se transforma en una experiencia llena de vivencias extraordinarias, comenzando por la contemplación del telúrico paisaje que surca los enérgicos ríos Orinoco y Caroní. Es una maravilla recorrer las calles y avenidas de esta ciudad, y poder constatar la concienzuda planificación urbana que le ha permitido crecer de una manera organizada y ordenada. Esta ciudad posee diversas universidades, siendo una de las más importantes la Universidad Nacional Experimental de Guayana, la cual alberga en su sede a una de las más interesantes agrupaciones musicales de la región, la Coral de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG), conducida por la siempre entusiasta y emprendedora Irma Conchita Iorio. Ellos organizaron la realización del Taller «Conociendo la obra del Maestro César Alejandro Carrillo», llevado a cabo entre el 13 y el 15 de mayo, iniciativa que me honra al llevar mi nombre y me compromete como compositor y como director. Durante las sesiones de trabajo estudiamos y ensayamos las siguientes obras: Aguinaldo, O magnum mysterium, Oiga compae, Salve Regina y mi arreglo de El alcaraván, de Simón Díaz, uno de nuestros más importantes compositores populares. Como cierre del taller hemos realizado un concierto en las instalaciones del Ecomuseo, imponente edificio adosado a la colosal estructura de la represa Macagua II. Para mí ha sido una gratísima experiencia poder compartir durante tres días parte de mi música con el estupendo y ávido grupo de jóvenes que conforman la Coral UNEG, la cual se encuentra celebrando veintitrés años de existencia, y a la cual le auguro un porvenir repleto de éxitos. Vaya mi agradecimiento a todos y cada uno de sus integrantes, a su directora Irma Conchita Iorio y a los directores participantes, que con entusiasmo y deseos de aprender asistieron a estas tres intensas jornadas.

A mi padre

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Felipe Neri Carrillo Parra (31 de diciembre de 1928 – 11 de mayo de 2011)


A ti, que escogiste mis nombres con pinzas de cirujano.

A ti, que me enseñaste a amarrar las trenzas de mis zapatos.
A ti, que me enseñaste que caerse era necesario para aprender a caminar y que había, siempre, que aprender de las caídas.
A ti, que me enseñaste a leer el periódico a los cuatro años, y que los libros eran mejores que la televisión. Desde mis remotos once años, te digo que es verdad, pues nunca he dejado de leer. Ni el periódico, ni los libros.
A ti, que me enseñaste a andar recto entre veredas torcidas.
A ti, que me dijiste que había que ser un excelente observador, condición necesaria para poder transitar por este mundo.
A ti, que cuando tuviste que reprenderme algo jamás lo hiciste alzando la voz ni la mano.
A ti, que me enseñaste que tomar lo ajeno o robar, no era bueno.
A ti, que me hiciste creer que un mundo de justicia e igualdad entre los hombres puede ser posible.
A ti, que me inculcaste la responsabilidad, el deber y la honestidad como valores indispensables para la formación del carácter.
A ti, que me enseñaste la cortesía y los buenos modales como condiciones necesarias para la buena convivencia y que había que saludar a todo el mundo, desde el portero hacia arriba.
A ti, que me enseñaste el valor del estudio y de la preparación personal y profesional como valores imprescindibles para poder construir una mejor sociedad.
A ti, que siempre, siempre, te mostraste orgulloso cuando daba los pasos en la dirección correcta, y que siempre, siempre, me lo hacías notar cuando no lo hacía.
A ti, que me enseñaste el valor de la autocrítica y de la crítica constructiva, ingredientes indispensables para el crecimiento personal y colectivo.
A ti, que me mostraste que el amor era un elemento esencial entre los seres humanos.
A ti, que me enseñaste que había que saber meterse en el lodo sin enlodarse.
A ti, que me enseñaste a no tener miedo.
A ti, que me enseñaste que había que ser audaz, audaz, casi hasta la aventura; y precavido, precavido, casi hasta la cobardía.
A ti, que siempre izaste las banderas de tus creencias con irreductible honestidad y valentía, en TODOS los escenarios de tu vida.
A ti, que nunca te doblegaste ante la infamia y lo nefasto.
A ti, que supiste recorrer el mundo y sus entresijos con paso firme, seguro y decidido.
A ti, que jamás asomaste resquemores ni envidias.
A ti, que siempre iluminaste tu camino y el de tus camaradas, compañeros y amigos con certidumbre y que nunca, nunca, te aprovechaste del poder.
A ti, que recorres nuestras historias con la más limpias de las trayectorias, mi mejor y más puro deseo de que ahora puedas descansar en un mundo más maravilloso que este, pero con la convicción de haber hecho todo lo que estuvo a tu alcance para mejorarlo.


Mi mejor y más lindo deseo de que las musas que un día me enseñaste, mesen tus cabellos limpios al sol y acaricien tu frente y tus manos con infinito amor y dulzura.

Mi mejor y más profundo deseo de que un día podamos reencontrarnos y podamos, juntos, seguir derribando molinos de viento. Tú cual Quijote, y yo, cual Sancho.

A ti, padre, amigo y maestro, mi mejor amigo, mi mejor maestro, con el anhelo de que me perdones aquello que, voluntaria o involuntariamente, no hice bien, mi más amoroso deseo de que, por fin, descanses en paz.

Para ti papá, con todo mi amor.

Tu hijo,

(César) Alejandro

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La vida con Modesta (y III)

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Con Modesta aprendías o te ibas. Para ella el arte de la composición no admitía medias tintas. Siempre citaba a su gran maestro Vicente Emilio Sojo: «Por sus bajos los reconoceréis», con lo cual el maestro quería significar que los grandes compositores escribían buenas líneas para el bajo. Sojo estaba omnipresente en nuestras vidas, porque incluso en la sala de espera de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde Modesta trabajaba como Jefe del Departamento de Música, había un enorme retrato del gran maestro. A veces Modesta nos mostraba sus cuadernos de apuntes de composición, donde atesoraba con celo, pero con desprendimiento, los conocimientos recibidos de la mano experta del maestro. Estas enseñanzas eran el fundamento y la base de lo que Modesta nos regalaba en cada clase, lo que me hacía sentir que estábamos en una especie de cadena histórica de la que heredábamos los más secretos tesoros del arte de escribir música y a la cual teníamos la fortuna y el honor de pertenecer y, al mismo tiempo, el deber de continuar esa tradición. Pero a la vez también sentíamos que éramos herederos de nuestro presente y de nuestro tiempo y, por lo tanto, era inevitable que incorporáramos todo lo que oíamos a nuestro alrededor: jazz, salsa, rock y cualquier otra cosa de la que estuviésemos infectados. Nuestras tareas académicas se impregnaban de las influencias externas a la clase y a la vez nuestros arreglos de música popular eran presa de todos los recursos académicos que aprendíamos de Modesta. Es bueno acotar en este momento, que formalmente estábamos en una clase de composición, pero en su desarrollo recibíamos toda clase de enseñanzas y valores: disciplina y responsabilidad, ética, solidaridad y humildad, amor por la poesía y sobre todo por nuestra música, entre muchas otras cosas.

En cuanto a la disciplina y la responsabilidad, hay que decir que Modesta llevaba una bitácora de la clase, lo que ella llamaba el «Libro Negro». Allí anotaba, con lujo de detalles, la evolución del alumno: Fulano trajo dos contrapuntos de cuarta especie; Mengano, dos trocados de fuga; Zutano y Perencejo, el primer movimiento de una suite; y así sucesivamente. También agregaba sus comentarios sobre el trabajo, si le parecía bien, o no. Si uno no había cumplido con la tarea, era mejor no asistir a clases. Aprender con Modesta era un verdadero placer, pero ello conllevaba un gran deber. En cuanto a la ética, recuerdo una clase en la que un alumno más avanzado estaba presentando su trabajo. Modesta le preguntó por qué había resuelto un pasaje de tal manera, a lo que el alumno respondió que lo había hecho así porque le gustaba. Modesta argumentaba que uno no podía responder de esa manera, que uno debía tener razones convincentes para explicar sus procedimientos, sobre todo porque más adelante nosotros podíamos estar en la misma posición que ella, es decir, la posición de docente. De ahí en adelante se estableció una fuerte diatriba relacionada con la ética que debía tener un artista, un creador. Y a tal nivel llegó la discusión que para zanjar el asunto Modesta le pidió al alumno, muy indignada, que no volviera más a su clase. Para todos nosotros, que conteníamos la respiración ante aquella decisión, fue una lección muy dura, pero a la vez muy comprometida con los postulados estéticos que debía tener un artista. Una lección que siempre he tenido en cuenta al momento del proceso creativo, de allí que he sido muy autocrítico con mi obra. Ciertamente, los compositores trabajamos con una materia de contenido altamente subjetivo, pero también es cierto que toda nuestra carga de subjetividad en el proceso creativo debía ser tamizada por los procedimientos objetivos que aprendíamos en clase. Por ello siempre tengo presente un postulado del compositor cubano Leo Brouwer: Escribe primero; después corrige.

En cuanto a la solidaridad y la humildad, la mejor muestra nos la dio Modesta misma. Hubo un momento en nuestro tránsito por la Escuela José Lorenzo Llamozas, en que quizá por un descuido, por un error o, como suele ocurrir, por un mal entendido, tres de los alumnos fuimos expulsados de la escuela. Fue así como, de la noche a la mañana, Milton Ordóñez, Oscar Galián y yo, nos quedamos fuera de la escuela y de la clase de composición. Modesta, como madre celosa de sus hijos, resolvió el asunto renunciando a la cátedra de composición de la escuela y decidió continuar sus clases, sin recibir un centavo por ello, en uno de los salones de los sótanos del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Nuestros otros compañeros, a pesar de estar solventes, decidieron también continuar con Modesta en la «nueva cátedra». En esos espacios estuvimos dos años aproximadamente, hasta que el maestro Felipe Izcaray asumió la dirección de la escuela y todos pudimos volver a nuestro antiguo salón de clases en la Llamozas. Tal muestra de solidaridad y desprendimiento de parte de Modesta y de nuestros compañeros es muy difícil de olvidar.

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Imágenes cortesía de Rómulo Nicolás Bor

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Modesta también era una persona muy desprendida y siempre tenía algo más para un alumno: un libro de poesías, un tratado de armonía o contrapunto, un libro de partituras. También abría generosamente las puertas de su casa para compartir, más allá de las paredes académicas, un rato de solaz y de compañerismo. Fueron muchas las Navidades parrandeando en casa de Modesta y sus hijas Lena, Liliana y Yamila, tocando y cantando todos los aguinaldos que nos sabíamos. Y si no los sabíamos los aprendíamos allí mismo con dos o tres pasadas. Ahí, en un ambiente de total camaradería, coincidíamos alumnos de todos los niveles de su clase de composición, refrendando lo que nos inculcaba en clase: el amor por el aguinaldo y las tradiciones navideñas venezolanas. Retomando el hilo y como decía más arriba, nuestra clase era muy diversa en la enseñanza y el aprendizaje. Eso sí, siempre existía un rigor en el orden de la clase, primero el deber y después el placer. Dentro de ese ambiente de responsabilidad existía siempre el momento para el chiste, la anécdota y la cosa graciosa. Porque hay que decir que Modesta siempre hacía gala de un gran sentido del humor. Así que entre rigor y disciplina siempre se generaba un momento de solaz y esparcimiento. Al final de la clase, luego de revisar todas las tareas asignadas, nos dedicábamos a la parte del placer: tomar café, fumar un cigarrillo y revisar los arreglos corales que cada uno llevaba con gran expectativa. Modesta nos inculcó, desde el principio, que teníamos una gran responsabilidad con la música venezolana y que por lo tanto era importante que hiciéramos arreglos de música popular y que, en lo posible, compusiéramos aguinaldos, nuestro tradicional género navideño. De esa época con Modesta nacieron Partamos a Belén y La llegada de los Reyes, mis dos primeros aguinaldos. La mayoría de nosotros, directores de coro, esperábamos ansiosos ese momento de ver y corregir los arreglos, puesto que de allí íbamos a montarlos en nuestros coros. Por el atril del piano del salón desfilaron aguinaldos, valses, merengues, gaitas, joropos y también otros géneros latinoamericanos, los cuales, valga la pena acotar, no eran tocados al piano, sino cantados a primera vista por los alumnos de la clase de composición, con letra, dinámica y todo. Modesta siempre cantaba la voz de contralto y todos los demás nos repartíamos el resto de las voces. Esa práctica nos dio un gran nivel de lectura a primera vista, lo que no tiene precio. Otro de los requerimientos que nos pedía Modesta era que tocáramos al piano nuestros trabajos académicos, lo que implicaba que tenías que aprender a tocar. Aún recuerdo con mucha admiración a dos personas que podían tocar a primera vista lo que le pusieran en el atril del piano. Una de ellas era la misma Modesta, la otra era mi también muy querido y recordado amigo Miguel Ástor.

Y debo detenerme aquí puesto que de continuar sería interminable. Con el tiempo, ella pidió su jubilación de la Universidad Central de Venezuela y, en procura de un ambiente más propicio para su delicada salud, se mudó a Mérida, lo que conllevó a la desaparición de su cátedra de composición en Caracas. Ensamble 9, en una de sus etapas más fructíferas, llegó a ensayar en el mismo salón donde recibíamos sus clases, lo que significó para mí una especie de continuidad física con ella. Por mi parte, yo también me alejé de Caracas y me mudé a Barinas para fundar el coro de la Universidad Nacional Experimental Ezequiel Zamora. Allí permanecí alrededor de cuatro años. Nuestro contacto siempre fue permanente pero a la vez se hizo más intermitente en virtud de la distancia. Luego de su mudanza a Mérida nos vimos en algunos eventos, siendo el más importante de ellos, el Primer Festival Nacional de Coros de Cámara “Homenaje a Modesta Bor”, que organizó Cantarte en 1996 para celebrar sus primeros cinco años de actividad. En ese festival estrenamos Oiga compae, un preludio y fuga compuesto a la usanza de lo que había aprendido y que está dedicado a ella. Era lo más justo que yo podía hacer: retribuir con honor todo lo que ella me había dado. Son tantas las experiencias vividas a nivel académico, profesional y sobre todo, humano, que no me daría abasto dándole gracias a la vida y a Modesta. A Modesta Bor.

 

 

Imágenes del archivo de la Fundación Modesta Bor. En la fuente no encontramos referencias del fotógrafo. La imagen de la derecha es la portada del disco «Genocidio» de Modesta Bor, editado en 1999 por la Fundación Vicente Emilio Sojo, con la Orquesta Filarmónica Nacional bajo la dirección de Pablo Castellanos.

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Nuevas publicaciones

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Con gran satisfacción tengo el gusto de compartir con ustedes tres nuevas publicaciones. La primera de ellas es la de mi Salve Regina, para coro mixto, editado por Earthsongs, editorial  afincada en Oregon y que ya ha publicado otras obras mías en el pasado. La segunda, una interesante versión para conjunto de trompetas de mi Ave Maria, escrito originalmente para voces femeninas y publicada por Balquhidder Music, al cuidado de Rob Roy McGregor, excelente trompetista, ya retirado, y quien fuera miembro de Los Angeles Philharmonic. La tercera de ellas, la segunda edición, corregida y ampliada, de Obra coral y arreglos corales de música popular venezolana de César Alejandro Carrillo, Volumen III de la Colección Música coral de autores latinoamericanos, publicado por la Fundación Vicente Emilio Sojo. Esta edición estuvo al cuidado de Roberto Ojeda Tovar, acucioso investigador y musicólogo entregado en cuerpo y alma al buen quehacer editorial de la Fundación Vicente Emilio Sojo desde hace ya unos cuantos años. Por último, les anexo el texto de presentación que escribí para dicha edición. Un gran saludo.

 

 

El libro que usted tiene en sus manos es el tercer volumen de la colección Música coral de autores latinoamericanos, cuyo primer y segundo volúmenes están dedicados a la producción de Rafael Suárez (1929-1971) y de Ángel Sauce (1911-1995), respectivamente. En la presente edición, se han revisado y corregido algunas de las piezas anteriormente publicadas en 2002, se actualizó la información contenida en el catálogo y en las referencias, y se incorporaron diez obras —tres composiciones y siete arreglos de música popular venezolana—, lo cual da como resultado un ejemplar que contiene la mayor parte de la producción de música coral, realizada por quien suscribe estas líneas, en poco menos de treinta años.

Este libro no sólo contiene el trabajo de muchos años de escribir y de pensar la música coral, sino también el producto de la labor editorial de Roberto Ojeda, llevada a cabo con el más alto sentido profesional. Después de intensos meses de trabajo, es insoslayable resaltar la acuciosa labor y el empeño emprendidos por Roberto, quien no sólo ha fungido como editor, sino también como catalogador, transcriptor, revisor y corrector de mi obra. La experiencia de innumerables horas de trabajo a su lado, me ha brindado un valioso e incalculable aprendizaje. Sin su ojo avizor y sus generosas sugerencias, muchos de los erróneos conceptos a nivel editorial, que la mayoría de los compositores consideramos «correctos», aparecerían hoy en esta publicación. A Roberto, mi más profunda deuda de gratitud.

En un país que tradicionalmente ha adolecido de una adecuada preservación y conservación de su memoria musical —o de cualquier tipo de memoria—, el hecho de que exista una institución que se encargue de satisfacer esta carencia, significa una suerte de oasis en el inmenso desierto de nuestra indiferencia nacional. Es por eso que los músicos venezolanos, y particularmente aquellos que nos dedicamos a la actividad coral, celebramos la publicación de este tipo de obras por parte de la Funves, las cuales vienen a llenar no sólo un vacío editorial, al poner a la disposición del público el cuantioso tesoro que poseemos en materia de música coral, sino también contribuyen a poner orden en el caótico mundo generado por el uso de la fotocopia la cual, por añadidura, atenta contra la Ley de derecho de Autor. En este sentido, es importante resaltar que todas las obras que conforman este volumen, y que pudieran haber sido fotocopiadas y por ende, alteradas, aparecen aquí en sus versiones definitivas.

Para concluir quiero agradecer, en primer lugar, a todos y cada uno de los músicos y cantantes que formaron filas en Ensamble 9, verdadera fragua y laboratorio experimental de la gran mayoría de los arreglos de música popular venezolana que se incluyen en este volumen. En segundo lugar, pero no menos importante, a Cantarte y al Orfeón Universitario de la UCV, espacios significativos que han contribuido a la difusión de mi obra como compositor y arreglista. A Modesta Bor, que ya no nos acompaña físicamente, pero que siempre estará con nosotros y entre nosotros, por siempre guía y amiga. A mi compañera Laura Morales Balza, por compartir y comprender mi música y el tiempo necesario para crearla. A mi madre, permanente guía espiritual. A aquellos que han tenido la paciencia de ser mis alumnos y, finalmente, a todos aquellos coristas y directores que alguna vez se estremecieron con algún acorde travieso o me honraron con la interpretación de mi obra. A todos ellos, muchas gracias.

Cortázar

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París nos recibe esta vez con un caluroso verano. De entre tantas actividades realizadas en esta cuarta visita a la Ciudad Luz, vale la pena relatar una que ya habíamos hecho en 2001 en el Cimetière Père-Lachaise: ir a cazar tumbas. La actividad consiste en visitar las tumbas pertenecientes a personalidades famosas cuyos restos descansan para siempre en estos añejos recintos. Entre tantas luminarias del arte y del pensamiento que pudimos reconocer en aquella visita, las que más persisten en nuestra memoria son: Michel Petrucciani, excelso pianista de jazz francés fallecido prematuramente en lo más encumbrado de su arte; Frederick Chopin, pianista y compositor polaco perteneciente al período romántico y fallecido también a temprana edad; Jim Morrison, estrella estadounidense de la música pop, sex symbol y líder de la banda The Doors; y por último, una de mis más grandes influencias como compositor, Francis Poulenc, pianista y creador de hermosísimas e importantes páginas corales. Poulenc escribió un capítulo determinante dentro de la música coral francesa del siglo XX. Cómo no conmoverse ante la tumba de Poulenc evocando los acordes iniciales de su O magnum mysterium, o la energía esperanzadora  que atraviesa los compases de Liberté, canción con la cual finaliza su ciclo Figure humaine, con poesías de Paul Eluard.

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Cimetière Père-Lachaise

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Para esta ocasión, 2010, fuimos presurosos al final de una lluviosa tarde y casi a la hora de cierre al Cimetière du Montparnasse, también último destino de innumerables pensadores y artistas, entre los cuales podemos destacar a Camille Saint-Säens, Cesar Franck, George Auric, Vincent d’Indy, Emmanuel Chabrier, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre, E.M. Cioran, Marguerite Duras, Eugene Ionesco, Man Ray, Susan Sontag y César Vallejo, entre muchos otros. Sin embargo, la escasez de tiempo no nos dio más alternativa que visitar la que para nosotros constituía la pieza de cacería más interesante, la de Julio Cortázar, cronopio mayor. Qué podríamos decir en estas cortas líneas que ya no se haya dicho sobre Cortázar. Tan sólo la conmoción, casi hasta las lágrimas, de saberse por un instante, breve y eterno, al lado de una de las más importantes plumas latinoamericanas y del mundo. Su estatura de gigante literario y su intelectualidad sin fronteras ha sido importante y determinante en nuestras vidas. Leer un solo cuento de Cortázar es adentrarse a cada paso, a cada línea, en un mundo desconocido y sorprendente y del cual jamás se podrá salir, porque Cortázar imaginó su mundo literario de ese modo, fantástico y sublime, dulce y terrible; todo a la vez. Como en una rayuela…

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Cimetière du Montparnasse

Cantarte cumplió 19 años

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Ayer, 6 de julio, Cantarte cumplió 19 años de ininterrumpida y fructífera labor. Vaya a todos y cada uno de los que alguna vez formaron y aún forman parte de sus filas mi más sincero abrazo de felicitación y de eterno agradecimiento por engrandecer y enaltecer el nombre de nuestra agrupación.

¡Salud, cantartistas de todas las épocas!

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